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La prosa de los vientos


Como suave brisa marina, me colaré bajo tus sábanas tamizándome por los tramados encajes de tus sueños… y de tus bragas.


Seré Céfiro templado del sur, desde el este de tus pies al oeste de tus nalgas…

Galerna impredecible que caldeará tu cama.

Xalóc constante, Siroco ardiente, Bóreas huracanado que lamerá tu piel,

tu clítoris… y quizás tu alma.


Seré gregal en tu vientre, Tramontana en tus caderas, Vardarác entre tus pechos y en tus mejillas, Sudestada.


Del sotavento de tu nuca me susurraré convertido en Kóshkil, a ratos desde tu cuello y otros…hasta tu sueño.


Seré monzón en tus labios, para llenarte de lluvia.

Poniente en tus manos para que me arañes con furia.

Seré Cierzo en tus ojos, Terral en tu popa y … al alba… Alisio derramado en tu boca.


Y al marcharme te soplaré un te quiero

y en tu cama… quedarás en calma,

soñando que fue mi viento, el que entre tus piernas…

mojó tu sábanas.


Sinuhé

¿Alguien quiere un Chihuahua?



Bueno, hoy voy a hacer un poco de autopropaganda y os traigo a estos pequeños chihuahuas que están en venta y pertenecen a un criadero al que les he hecho la página web. Si estais pensando en tener una mascota os recomiendo esta raza, que es ideal para tener en casa por sus características. En la web hay muchas más fotos e información sobre ellos.
No seais muy críticos con la web, es la primera que hago y todavía está pendiente de mejoras, jeje



Un saludo

Google dreams





Un pequeño punto azul y brillante aparece de pronto ante la inmensidad oscura que se extiende ante mí.

Lentamente, el pequeño punto toma proporciones gigantescas y me encuentro estupefacto y maravillado ante lo que contemplan mis ojos. Estoy literalmente flotando en la inmensidad del espacio y bajo mis pies, la tierra me regala su espléndida redondez desplegando solo para mí sus mil tonos de azules y blancos. La verdad, no me importa demasiado saber cómo he llegado aquí y no pienso estropear este mágico momento en elucubraciones disparatadas.

Como en un juego, descubro que cuando me fijo en un punto en concreto del planeta, éste se agranda de forma automática. Sonrío y me dispongo a explorar esos rincones que siempre he querido visitar.

Entre cerrando los ojos, enfoco un punto perdido del lejano desierto arábigo. Acto seguido, la tierra se abalanza sobre mí y de las arenas blancas emerge un pequeño y verde vergel de altas palmeras flanqueado de pequeño riachuelos que forman en el centro un pequeño y cristalino lago. A vista de pájaro, contemplo a decenas de mujeres desnudas que se bañan en las orillas del lago. Sus pieles morenas y sus turgentes pechos brillan al sol bajo miles de pequeñas gotitas que salpican sus esculturales cuerpos como purpurina plateada.

Noto como mi temperatura corporal alcanza temperaturas, probablemente, superiores a las del desierto que rodea el oasis.

Desenfoco mi visión y el planeta azul vuelve a alejarse automáticamente. Ahora me fijo en u pequeño punto blanco al norte de Suecia. En un instantáneo zoom me planto en un lugar montañoso de cumbres nevadas. Una pequeña casa de madera y a pocos metros, unas pequeñas piscinas naturales de aguas humeantes y cálidas, sobre las rocas, un grupo de bellezas nórdicas me muestran sus blancos y estilizados cuerpos, sus cabellos rubios y sus interminables piernas, sudorosas y resbaladizas por el vapor de estas remota sauna natural.

Creo que el corazón se me va a salir del pecho de un momento a otro. Desenfoco de nuevo y minimizo el planeta, cuando me dispongo a enfocar hacia una solitaria isla caribeña, observo por el rabillo del ojo que un objeto pequeño y plateado se dirige hacia mí a toda velocidad. Sin apenas tiempo de reaccionar, el objeto me golpea fuertemente en la cabeza. Durante los escasos segundos en los que siento como mi conciencia se desvanece, veo que la cosa que me ha golpeado es el Sputnik.

De repente despierto sobresaltado y calenturiento en mi cama. ¡Maldita sea! Con tanta basura espacial ya no puede uno ni soñar tranquilo. Mientras me preparo el café de la mañana pienso que quizás debería de pasar menos horas jugando con el google earth.

Sinuhé

cara B




El puente se hallaba lejano y María vivía al otro lado.


Y aquella mañana, cuando se sorprendió caminando sobre las aguas del río, fue consciente de todo el tiempo que había desperdiciado bordeando sus riveras.



Y a su necesidad… algunos la llamaron milagro.



Sinuhé (Reeditions)

Que le pongan mi nombre a tus labios


QUE LE PONGAN MI NOMBRE A TUS LABIOS


En el kilómetro tres de tus piernas

hice alto en mi camino.

Y subiendo por la vereda

que recorre el monte divino,

absorbí tus fragancias frescas

y me embriague con tu dulce vino.


Por el peso de la mochila, tenía mi cuerpo roto

y me tumbé un ratito a descansar.

A la sombra de tus caderas,

mi energía volvió a brotar,

y por las sendas de tu vientre

proseguí alegre mi caminar.


Maravillado contemplé tu ombligo,

pero ya anochecía y a mi pesar,

solo unos instantes pude gozar

del rojo atardecer del sol, dorando tu rubio trigo.


Al amparo de tus dulces pechos

hice noche a descansar,

y bajo millones de estrellas,

soñé que tu cumbre podría coronar.


Con el frescor del alba reanudé de nuevo mi andar.

Trepé hasta tus pezones…


(¿Sabías que desde allí se ve el mar?)


Y salvando los desniveles

a tus mejillas conseguí llegar.


Exhausto por el esfuerzo

pero henchido de felicidad,

ya había alcanzado mi meta…

ya tus labios pude besar.


Y allá, en la alta cumbre que jamás nadie pudo alcanzar,

más alta que el mar de nubes,

más bella que ningún lugar…

Me bebí tus horizontes

comprendiendo lo que era amar.

***

y allí me encontraron muerto

unas semanas atrás…


porque yo descubrí tus labios

y de ellos

me negué a bajar.


Sinuhé

Reflejos





Al principio, solo fueron pequeñas sombras reflejadas en pequeños objetos. Un destello fugaz ante sus ojos en el vidrio de un vaso de agua, un sutil movimiento multiplicado por los prismas del cenicero en la mesa del salón, detalles que se le antojaban ilógicos en la natural reflexión de la luz que entraba por las ventanas. A veces, cuando estaba solo, podía comprobar cómo estando todo absolutamente estático a su alrededor, en algunos lugares, como los pomos niquelados de los armarios o en los cristales de los retratos sobre la estantería, algo se movía junto a él durante unas décimas de segundo.


Poco a poco, los reflejos pasaron a lugares más grandes y ralentizaron sus tiempos. Ahora, a veces incluso durante un par de segundos, algo sin forma definida seguía sus movimientos por la casa y tras la estela de su reflejo podía observar siempre el suyo. Se acostumbró a tener en todo momento las persianas totalmente subidas y al anochecer, encendía pequeñas lámparas que compró a propósito, en todos los rincones de la casa para no perder detalle de sus movimientos. Desde el principio, no sintió ningún tipo de miedo ante aquellos sucesos, más bien, sintió una gran curiosidad que aumentaba cada vez más con el paso del tiempo. Incluso sin darse cuenta, un día se descubrió contándole, mientras limpiaba el polvo de la librería, lo que le había parecido la última novela de su escritor favorito.


Una nublada mañana de septiembre, se mostró por fin ante sus ojos. Se lavaba la cara, y cuando alzó la cabeza la vio justo a su lado, en el espejo. Sus rasgos y sus perfiles eran de una opacidad traslúcida y blanquecina. Era la primera vez que la veía quieta, y en su quietud pudo descubrir su serenidad y su conciencia. Como en una foto con luz sobreexpuesta, los contornos de su cara, sus ojos y sus labios, se perdían con las toallas ocres que había colgadas tras de ella. Tras unos segundos de silencio, le pareció que aquel leve movimiento de sus labios fue una sonrisa, cuando le dijo que quizás lloviera aquella mañana.


Desde ese día, no volvió a verla nunca de una forma tan nítida y directa, pero su figura ha continuado siempre junto a él en todo momento. Cuando alguna noche ve la televisión, la observaba en el reflejo de la pantalla apoyando su cabeza en su hombro. En noches de luna, entre las pausas del sueño, mira el techo del cuarto y las aspas metálicas del ventilador le devuelven su etérea figura engranada en las ondulaciones de su cuerpo. Cuando cocina, le acompaña juguetona al compás de sus trajines en los brillos de copas y cacerolas. Incluso ahora, mientras escribe estas letras, percibe sus ojos curiosos y su sonrisa tras él.


Sabe que ella apareció junto a el por algún motivo, ha aprendido a interpretar en las vibraciones de sus reflejos sus estados de ánimo. A veces, adopta los suyos propios y cuando él está intranquilo o apenado por alguna causa, su perfil vibra y se difumina en tonos rojizos. Otras, cuando llega más alegre de lo normal, su color cambia a vivos blancos azulados y su brillo rebota en metales y espejos, inundando de cálida luz todas las estancias de su casa. Pero de igual modo, sabe que ella necesita de sus vibraciones como el de las suyas, y está aprendiendo a vibrar y a cambiar el color de su aura, para poder ser, allá en su dimensión lejana, el reflejo que la acompañe durante todos los días de su vida.

Sinuhé (Reeditions)

El viejo Roble 2/2

Cientos de veces volví de nuevo a aquel lugar, primero, acompañado siempre de mi padre, más tarde, cuando fui algo más mayor, en soledad. Apoyado en su tronco, su madera me transmitía siempre una calma y sosiego totales, era como si a través de su corteza me inyectará las fuerzas que muchas veces me faltaban. Una vez, sentado en una gruesa rama a bastante altura, leía un libro en total tranquilidad y creo que ayudado por la calidez del sol de mediodía, me quedé dormido y, lentamente, me escoré hasta caer en picado en dirección al suelo. En ese instante de sobresalto, cuando sentí mi cuerpo caer a gran velocidad, me pareció ver que el roble movía rápidamente su ramaje de la parte más baja para recoger con suavidad mi cuerpo y frenar mi inminente caída. Dando un pequeño saltito, bajé al suelo completamente ileso y al incorporarme, pude ver como las ramas que se habían amoldado a mi cuerpo, retornaban a su posición original.

Aquel fue el momento más mágico de mi vida, una comunicación inquebrantable se estableció entre nosotros dos. El roble me reveló su secreto, me mostró la pureza de su existencia, aquello que ya habían conocido mis antepasados y que ahora comprobaba yo profundamente emocionado. Me marché tras abrazar su tronco, volviendo mi vista de vez en cuando convencido de que en cualquier momento sus raíces saldrían de las profundidades y se pondría a caminar junto a mí, como dos buenos amigos.

Pasaron los años y la rotundidad de la vida se fue adueñando de mis actos. Las obligaciones y la evaporación de la inocencia fueron espaciando cada vez más mis visitas a aquel lugar. El trabajo y las necesidades pactadas de la existencia me arrancaron de cuajo de aquel pueblo y aquellos bosques, y me escupieron sin piedad sobre una ciudad gris y contaminada. En círculos cerrados de monótono trabajo y deudas para pagar deudas, me sorprendí un día intentando recordar mi viejo roble, sin tan apenas conseguirlo.

Sin darme cuenta me mimeticé en la misma ciudad, me volví gris y contaminado. Me convertí en un ser con sentimientos prestados, puro materialista y totalmente conformista con el mundo que me rodeaba. Dejé de bracear para salir a llenar mis pulmones, y me dejé hundir, lentamente, hasta los más oscuros abismos de la existencia.

Ella fue lo único que aportó luz a mi vida, pero fue tan breve… la velocidad me los robó sin tan apenas haberlos saboreado. Mis proyectos de volver junto a ella a recorrer mis bosques, de continuar en él el secreto de nuestro viejo roble, todo se esfumó aquel negro día de noviembre. Ahora, nada de mí quedaba, yo también me había esfumado totalmente.

Las lágrimas y el alcohol me aconsejaron volver a aquel lugar, sabía que no había vuelta atrás y que solo él tendría el poder de rellenar mi cuerpo vacío. Hacía años que no tocaba su dura corteza, pero tenía la certeza de que solo entre sus ramas encontraría mi camino perdido.

La bruma de aquel atardecer difuminaba el perfil de su ramaje, mientras pasaba la cuerda sobre una larga rama, le conté lo desgraciada que había sido mi vida desde la última vez había charlado con él. Le conté que no habría un hijo mío que jugara de nuevo entre sus ramas y que ahora, en aquel mismo instante, solo él podía mostrarme un nuevo camino. Le conté, mientras ajustaba la soga a mi cuello, que al igual que aquel lejano día, cuando había movido sus ramas para salvarme, necesitaba que hoy volviera a mover sus ramas para volver a hacerlo. Y mientras me lanzaba de nuevo al vacío, le dije que solo necesitaba esa pequeña muestra de que no estaba solo en la vida, para poder continuar viviendo.

Nadie en el lugar se explica cómo mi cuerpo permaneció allí colgado durante tantos días sin que fuera presa de los animales y las alimañas del bosque. Algunos dicen que el roble, con tremendos esfuerzos, me protegió de ellos durante todo ese tiempo y que quizás todos esos esfuerzos fueron los que le llevaron a no superar aquel otoño. Pero yo sé que no se secó por aquellos esfuerzos, descubrí demasiado tarde que en realidad su sabia no se alimentaba de los rayos en las tormentas, sino de los juegos, la ilusión y la inocencia de todos aquellos niños durante tantas generaciones.

Soportó el fuego, la lluvia, el viento y el hielo, y llegué yo, y lo maté de pena.



Fin...



Sinuhé